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“¿Por qué se encuentra tan desprestigiada la Licenciatura en Derecho?”

Introducción

Al comienzo de éste estudio nos planteamos una pregunta vital alrededor de la cual estará planteada nuestra investigación: ¿Por qué razón se encuentra tan denigrada actualmente  la labor del abogado?

Al tener identificado el problema, nos vienen a la mente muchísimas causas que podrían ser el inicio de este detrimento de interés y respeto que sufre la profesión de la abogacía. Es por eso que a lo largo de éste proyecto, encontraremos un análisis minucioso y desarrollado de todas las posibles causas que  provocan situaciones tales como desempleo, inseguridad, desconfianza, y muchos otros problemas de la misma especie, entre los estudiantes de la licenciatura en Derecho.

Entre las primeras causas podemos encontrar la referente a la corrupción, la sobrepoblación de licenciados en Derecho en nuestra población, la reducción de exigencia por parte de las autoridades del México de hoy, las prácticas de los docentes en las instituciones de enseñanza de ésta materia, los usos y costumbres que nos denigran, no solo a aquellos que han logrado desarrollar ya cierta experiencia en el campo laboral, sino también a aquellos que aún nos formamos, a la expectativa de encontrar mejores oportunidades de trabajo al concluir nuestros estudios universitarios.

Comenzamos pues, de este modo, analizando el primer problema enumerado en nuestra lista sin fin, el cual corresponde a la corrupción.

 

Corrupción

En un principio, la corrupción es algo que nos caracteriza generalmente a los mexicanos, y no es porque el total de la población, en verdad cuente con una mentalidad corrompida, sino mas bien, por el hecho de que una gran mayoría, a pesar de quejarse del sistema burocrático corrupto que hay en nuestro país, son siempre fieles contribuyentes a éstas prácticas poco morales, desde el momento que rompen la mas pequeña e insignificante de las reglas, como lo puede ser, desde acelerar la velocidad de un automóvil cuando la luz del semáforo está en color amarillo, hasta el dar una remuneración económica por servicios efectuados u omitidos a favor del perjudicado, lo que coloquialmente conocemos mejor como “mordidas”.

Cabe también mencionar el hecho de que, al aparentar desconocer, o bien, ignorar un hecho o acto de corrupción del cual efectivamente tuvimos conocimiento, estamos también encuadrando en el supuesto de corrupción, pues como dice esa expresión popular de nuestra sociedad contemporánea: “tanto peca el que mata a la vaca, como el que le detiene la pata”.

Sinceramente en lo personal, no considero que sea difícil abandonar esas prácticas cotidianas que nos llevan a corromper la moral social, pero ciertamente, no obstante la dificultad sea mínima, lo difícil viene a ser el hecho de que nos generaría perjuicios de diversos índoles, por ejemplo el económico, ya que éstas mismas conductas surgen para librarnos de un perjuicio directo, como lo sería en dado caso sufrir un percance del tipo económico, ocasionándonos al mismo tiempo, y de manera sumamente disimulada, un detrimento de la calidad humana de nuestro ser.

Ahora bien, aprovechando que hacemos mención de ese término, “humanidad”, profundizamos un poco mas en el tema, agregando a la discusión, el porcentaje de culpa de las corrientes que pueden o no guiarnos a nosotros los abogados: Humanismo y Positivismo.

 

Debilidad de la Norma, su finalidad.

Siendo que el licenciado en derecho, por naturaleza, es el profesionista destinado a tomar la ley, y hacer de la norma su instrumento fundamental de trabajo, cabe observar, que quien la crea no siempre cuenta con la educación necesaria o específica, para llevar a cabo una labor de tan primordial y delicada naturaleza como lo es legislar.

Quien ha estudiado la Licenciatura en Derecho, sin duda alguna tiene el conocimiento de que existen dos grandes corrientes en el ámbito de la aplicación del derecho, y éstas son, el Ius Positivismo, y el Ius Naturalismo.

A grandes rasgos, podemos mencionar, que el Ius Naturalismo, es aquella corriente que propone la idea de que cualquier hombre, ser humano, por el simple hecho de estar vivo, ya cuenta con una serie de derechos que le son inalienables, inajenables e imprescriptibles. Esto en realidad genera bastante controversia, pues el primer alegato que postulan los iuspositivistas es que, si cualquier ser humano pudiera ejercer sus derechos, desde el momento en que inicie su vida, y éstos derechos no están establecidos en un documento o ley, dícese también norma jurídica, entonces cualquiera podría hacer lo que se le diera la gana, hecho con el cual estamos de acuerdo, pero, si en verdad existe la necesidad de crear una norma, cuya finalidad sea marcar una pauta en nuestra conducta, entonces habría que prestar más cuidado en quién es la persona a la que facultamos por medio del sufragio, para que por encomienda nuestra, genere, extinga o modifique esa norma, lo cual nos encuadra de nuevo en el supuesto de ¿quién crea la norma?.

Siendo un poco tolerantes, imaginemos que quien adquiere el puesto de legislador, cuenta con las suficientes capacidades para llevar a cabo una legislación responsable. Eso generaría por consiguiente, una buena norma, cuya finalidad por supuesto, sería proteger al gobernado. Pero ¿protegerlo de quién? Desgraciadamente, en la mayoría de los casos, del gobernado mismo.

 

Contienda: Dos fuerzas, dos pretenciones, dos sentidos distintos.

Ajustandonos entonces al supuesto de que las normas existentes, estuvieran correctamente elaboradas, volvemos a atender a su finalidad, la cual es, como ya mencionamos, proteger al gobernado del gobernado mismo.

Es entonces, que como producto de nuestra hipótesis, viene inmediatamente a nuestra mente, la imagen de un abogado litigante, cuyo único interés es defender a la parte que representa, de los intereses de una contraparte representada por otro abogado litigante, por ende con intereses distintos o contrarios a los suyos, y cuya herramienta será la misma norma, de la cual ambos habrán de tomar lo que les sea necesario para lograr “derrotar” a su oponente, ganando el juicio, y al mismo tiempo un prestigio extra para su nombre y apellidos, o simplemente para su firma.

Bajo éste contexto, resultaría un sinónimo visual, el imaginar a dos perros feroces, que defienden cada uno a su amo, cuya única arma serán las mordidas que puedan infringir daño a su contrario, y nada mas. Esto nos conduce claramente a la conclusión de que, al haber dos partes en contienda, sólo una resultará vencedora, y la otra, por lógica, vencida; lo cual no resultará agradable para sus representados, generando disgusto por el hecho de no haber cumplido su pretensión, y más aún, por haber generado honorarios que en la mayoría de los casos suelen ser bastante altos. Ésta situación genera descontento en la parte material, y por tanto, que la misma manche la reputación de su abogado, tanchandolo de corrupto y muchos otros calificativos más, aún cuando éste haya actuado con toda probidad, honestidad, sutileza y propiedad.

 

Todo es cuestión de Educación

Si bien es cierto, se dice que “la educación se mama”, para referirse a que viene de nuestra casa, pero ajustados al supuesto de que el porcentaje de tiempo en nuestra vida que pasamos en nuestra casa es mínimo, podría decirse que en gran parte lo que  aprendemos es siempre fuera de nuestra casa, pues pasamos aproximadamente el 70% de nuestro tiempo fuera de ella.

Enfocandonos al factor universitario, debemos considerar que existe mucha mayor demanda en la carrera de Leyes que en tiempos pasados, razón por la cual se ha visto sobresaturada, lo cual genera más egresados cada año, y por ende, más competencia, y es esto lo ke provoca la necesidad de buscar nuevas estrategias para sobresalir en el trabajo, pues si hacemos referencia, antes el portar un título de licenciado en derecho era todo un lujo, y un distinguido privilegio, pues la palabra “Licenciado” siempre iba acompañada de un “don” o alguna expresión de respeto, a diferencia de ahora, que se comenta que “existen mas abogados que perros callejeros sobre la faz de la tierra”.

 

Todo esto, comentado sin plantear aún la situación de que la formación del abogado en universidades ha ido careciendo cada día más, hasta llegar por ejemplo, al extremo de que los profesores encargados de impartir materias como ética, o deontología jurídica, menosprecien en sí el valor de la materia y de su propio trabajo, insertando asi en el alumno, la creencia de que el corresponder a los principios de ética, es algo sin plena importancia.

 

Conclusiones

En conclusión puedo argumentar, que vivimos en un estado de derecho, o al menos así debería ser, y por tanto, cualquier situación de la vida cotidiana está relacionada con el derecho, de tal modo que si alguna de éstas situaciones no funciona como el indivíduo desea, siempre habrá de culpar al sujeto vinculado con el derecho por excelencia, el Licenciado.

También es importante mencionar, que no todos los abogados sufren de esa tan aludida falta de ética, pero aún asi, quienes si la sufren, pueden llegar a manchar la reputación del resto de los estudiosos del derecho.

Además, sería injusto decir que el abogado por naturaleza es corrupto, y yo preferentemente me avoco a mencionar, que un Licenciado en Derecho es tan corrupto como cualquier otro ser humano, pero es precisamente por el tipo de trabajo que desempeña, que debe abandonar ciertas prácticas no convencionales que llegaren a desprestigiar a su profesión, atreviéndome a comparar el caso con los sacerdotes que caen en pederastia, siendo ellos a quienes se les confiere la responsabilidad social de infundir valores en la sociedad misma.

Son éstas y muchas otras causas por las que está denigrada la profesión del abogado, pero la sencilla solución, es abrir un poco mas los ojos, y retirarse de esas prácticas poco convencionales y de ningún modo ortodox
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