Reflexión de una experiencia extramarital
de aquel a quién entregaba sus amores. Seguramente los momentos transcurridos a solas
eran irremplazables, entonces valía la pena.
La fuerza del amor, de la aventura o tal vez sólo el deseo de vivir, era el empujón
suficiente que ella necesitaba para romper los esquemas, violar las leyes, y avanzar
contra viento y marea, tumbando lo que a su paso se oponía, perdiendo la dulzura y el
encanto en su hogar; sin importar que dirán, ni quién verá, <desde luego eso era algo secundario>.
¿Quién era él?.... ¿Algún joven guapo que con sus encantos le conquistó? Seguro que
no, ¿quizá algún hombre maduro, elegante y refinado que con sus modales la dejó
volando sobre nubes? Lo mas probable es que no. La última opción sería: ¿algún
recalcitrante millonario que con su dinero la encegueció? ¡No!....
¿Entonces quién fue este galán que tuvo la fuerza y el poder de apartarla de su dulce lar?
La respuesta se viene: <Como una hoja seca que por última vez se aferró a la rama de
la cual se asía con desesperación y luego cae bamboleándose de un lado al otro hasta
tocar tierra….sin más especulaciones ni conocimientos que los que tiene un bebé
cuando arroja uno de sus muñecos de la cuna al piso y luego se asoma para saber dónde quedó>.
No es necesario tener las virtudes de las personas antes anotadas, para qué esmerarse
tanto, hay una fuerza de atracción mucho mayor que todo esto: el gusto mutuo, la
química de dos, un flechazo, un hechizo o simplemente el amor que no ve nada, porque
en realidad es ciego.... Pero aún así es hermoso.
Aquel afortunado era un hombre que frisaba los 57 años, algo así como 17 años mayor
que ella, un poco arruinado, medio calvo, con una circunferencia abdominal exagerada
que le obligaba a usar los pantalones bajos, alto de estatura, mostrando algunos rasgos
que indicaban que, seguramente en su juventud pudo haber sido un apuesto muchacho,
pero ya no lo era, el pasar de los años y la locura con que los vivió le arrebataron todo
lo bueno, quedaron algunos despojos con dolencias en su esqueleto y otros trastornos
orgánicos, unidos y confabulados con su estrés permanente y su sistema nervioso
averiado, <claro razones no faltaban >, y que le llevaron muchas veces a cometer
ciertos actos ingenuos e infantiles.
También era casado, desde luego sus hijos ya crecidos estudiaban una carrera
universitaria, pero seguían totalmente dependientes de la casa; su esposa, una mujer
codiciosa, rebuscando según él, los últimos centavos de sus bolsillos y de sus cuentas
bancarias, persiguiéndole incesantemente, <celosa por sus posibles amoríos>, y por
lo cual la dama enamorada terminó pillada <in fraganti>.
Ante este cuadro nada halagador, pienso que, para cualquier persona medianamente
pensante, estas serían razones suficientes para abandonar estos encuentros
extramaritales y en todo caso si se quisiera insistir con este tipo de aventuras lo más
lógico hubiera sido: buscar una mejor opción.
Pero, no fue así, mas bien estas fueron razones perfectas para transformarse en la
heroína salvadora de aquel cortejador de telenovela que también arriesgó su pellejo por
entregar ternuras y pasión a su amada.
A vuelo de pájaro pregunto: ¿Hay algo malo en esto? ¡Tajantemente no! Pero, ¿se ha
reparado en las consecuencias?
¿Se dieron cuenta aquellos tortolitos que tal como su amor florecía, el otro que quedaba
en casa declinaba, llegaba a su ocaso y se disolvía en la nada?
¿Acaso alguna vez pensaron que a lo mejor estuvieron disfrutando de un exceso de egoísmo,
de prepotencia y de abuso de confianza, utilizando el engaño para lograr sus propósitos y
concretar sus solapados encuentros?
Muy tarde y movida por la fuerza de las circunstancias adversas, en un momento dado
aquella amante embelesada quiso rehacer las cosas, pero todo había ido demasiado lejos
y cuando las cosas están a esas distancias es muy difícil traerlas de regreso, a destiempo
notó que tenía dos pequeños hijos que la llenaban de amor y vivencias enternecedoras, y
que necesitaban de la guía permanente de dos personas para desarrollar y aprender a
vivir en este mundo.
Pues no vivimos en tierra de nadie, estamos dentro de una sociedad que aunque regida
por leyes obsoletas, hay que observarlas sopena de ser hallados infractores. De todas
maneras eso no es lo principal, porque con leyes o sin ellas si nadie estorba, ¡qué importa!
Así, entre llamadas cariñosas sin fin, visitas descaradas a la casa de ella, supuestos
trabajos urgentes que provocaban salidas a la hora que sus cuerpos sientan deseos que
mitigar, pasaron los días, meses hasta años y como fruto de esta azarosa relación, <la
dama enamorada ganó un amor…. pero perdió su hogar>.
Este drama no es nuevo se lo vive a diario en todas las latitudes. Personalmente
reflexiono que estas vivencias son propias de la naturaleza humana, pues existen
incontables casos que se han dado a través de la historia, incluso los que se estarían
produciendo en estos momentos, mientras se lee las líneas de esta somera reflexión.
Pregunto: ¿quién se ha librado de estas engorrosas experiencias?.... ¿Nadie?.....
Ya sea que lo haya llegado a saber o, que decidió hacerse de la vista gorda para evitar
enredados problemas, cantidad de enfrentamientos inútiles, acusaciones y chismes a la
carta, <que son los más dañinos>; todos en un momento de nuestras vidas pasamos o
pasaremos por uno de estos aprietos.
Conclusión personal:
Si este es un mal que no tiene cura, y su práctica gana adeptos que crecen día a día,
simplemente queda por concluir que la monogamia no es propia del ser humano, mas
bien es una imposición de orden social y político en aras de organizar la convivencia humana.
Esperemos que con el tiempo nuestra sociedad madure....y luego hablaremos.
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A David
Polémico escrito
Lo importante es estar a gusto....
Buenas noches..David..