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La Fuente

 

El río explora la belleza de su cuerpo femenino, imitando  sus movimientos con un canto sinusoidal.  Su danza hace una sutil reverencia a uno y otro lado descendiendo a saltos desde el cielo a la profundidad rocosa, donde la fuente apaga la sed de su juventud.  Un rayo de luz se cuela entre las piedras y el reflejo de su propia virtualidad, dibujando en las paredes de la gruta la imagen del sueño que alguna vez tuvo al verla reflejarse en él.  Ella se sumerge invitando al agua a imaginar amarla, y abanica sus brazos acariciando el líquido cuerpo de su amado, que la sostiene ingrávida en su perfume ausente. Su cabello juega con sus onduladas formas a pincel y tinta en su página blanca, coloreando su musa de imaginario canto y desafiando el vuelo del ave migrante.  El riachuelo es consciente de su elección pasada cuando un soplo de vida la acarició en su espalda, olvidándola hermosa en su madurez temprana mientras su amor la esperaba en su acostumbrada estancia, presurosa de amor en su tardía avaricia y ausente de pena en esa encrucijada.  Cada baño es un sueño de su vida pasada, que comparte con él, su bienaventurado amante, quién descansa en el lecho de sus dulces memorias, vírgenes de llanto y doloroso encanto. El río le muestra su angustia y su rabia, mordiendo a las rocas en cada descarga que fluye desde el ayer lejano hasta su día temprano, sacudiendo su cuerpo con irascible estruendo, arrebatándole el sueño al agua mansa de su adolescente sosiego.  Ella acepta el reproche de su ancestral amado, que se convirtió en olvido cuando la fuente le propuso el juego de sentirse una mujer indeleble.   Ella vive por siempre su belleza inmutable y a él lo convirtió en agua para acompañar su idilio vertiendo sus cenizas fúnebres en el cauce manso, que danzará por siempre acariciando la figura que lo condenó a servirlo eternamente esclavo. Hoy el torrente castiga su atroz amor mezquino secando por fin el fluido llanto que por años embelleció el estuario de su forma inmaculada y la fuente que alguna vez fue fiesta, hoy se convirtió en el entierro de los cuerpos de su amada y el lecho de un río seco.

 

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Saludos ..Luis..

La fuente de amor, que en su espejo nos deja ver a nuestro yo, donde se derrama en encanto de una hermosa mujer, al borde del extasis, bella fantasia, hermoso final, felicidades.