UNA VIVENCIA MUY DOLOROSA
Publicado: 18/03/2010 - 01:03
Cuando estoy haciendo una regresión a razón de mil revoluciones por segundos del momento que un fuerte sacudón me despertó la madrugada del 27 de febrero, mi casa era una caja de fosforo que se sacudía violentamente llevándome de la pared a la cama una y otra vez, mientras que la maderas crujían, sentía la caída de muchas cosas, vidrios que se quebraban, los gritos de los componentes de la casa, mientras se seguía moviendo como una coctelera , en la obscuridad intenté encontrar mis pantuflas y abrirme paso hacia la puerta pisando una serie de libros, cassettes de videos, vidrios rotos, ropa mojada. Todo era un caos y parecía que aquello no terminaría jamás, pero al final después de cerca de tres minutos la naturaleza parecía calmarse y como en cámara lenta retornaba de su ira. Afuera la obscuridad era total, se escuchaban gritos, los ruidos de automóviles por doquier, los vecinos el pasaje nos preguntaban cómo estamos, todos contestaban. ¡Estamos bien! Mientras volvemos a la calma, intentamos llamar por teléfono y las líneas están colapsadas, buscamos vela para alumbrarnos, pero solo encuentro un pequeño trozo, no hay velas, linternas, ni una radio a pila, solo celulares sin cargas.
En ese momento me preocupaba la suerte del resto de la familia, mi hijo mayor y su familia en Concepción, mi esposa y la familia de mi hijo menor no sé si en Santiago o en Cauquenes, lo que vengo a saber al cuarto día de esta catástrofe.
Apenas puedo, camino en la obscuridad a casa de mi madre, el caos estaba instaurado en las calles, vehículos que corren sin respetar cruces, sirenas de vehículos de emergencia. Cubrí en pocos minutos el kilómetro de mi hogar a la casa del cuidador del Sindicato de Tejidos Caupolicán, en donde vive ella, todos están bien pero con mucho miedo, ya que este edificio de tres pisos que data del año 1945, no salió muy bien de este segundo terremoto. Aparentemente Chiguayante, mi ciudad no habían grandes daños a primera vista, pero al correr de los días y al ver los escombros los daños son cuantiosos.
Ya con la luz del día con mi cámara en mano me fui a ver los daños en diferentes lugares, tomé el único medio que había corriendo a esa hora, un bus Palomares a Concepción llegué al puente viejo, cruce las pocas cuadras que habían con bastante miedo ya que llevaba una cámara de video, las trizaduras en el pavimento en la avenida Costanera eran notorias, había un vehículo que estaba accidentado, abandonado y unos hombres le sacaban el combustible, invitado por un Ingeniero que iba a ver el puente me envalentoné y llegué más o menos a la mitad del puente, mientras tomaba algunas secuencias se sintieron dos replicas, cosas que hoy al ver el puente con daño total me dan escalofríos. En Concepción soy espectador de la gran destrucción de la ciudad, no fueron solo los edificios antiguos los que recibieron los daños, también los nuevos, una parte del centro de la ciudad está en el suelo o dañado.
Lo que siguió después es historia porque cada vez que hay algo así, llega el General Rumor que va alimentando a personas que lamentablemente sirve a este batallón, ya lo viví en el terremoto del año 60, para el 73 y lo que siguió después me lo guardo por vergüenza y por respeto por esa gente que generosamente ayudaron, por los que aún colaboran del extranjero. (1 voto)
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Para Carolina
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Saludos a Abigail
Terremoto.
saludos Cecil