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Anécdota de un fugaz amor universitario

Amores pasajeros como aquellos, no volverán a repetirse, pues sus encuentros tienen: un sabor único a madera, olor característico a paredes recién pintadas, calor provocativo producido por cuatro paredes que encierran un aula llena de alumnos, y particularmente de compañeras que mientras habitan las salas de clase, descuidadamente se sientan, se paran, se dan vueltas, se acomodan dejando entrever de sus juveniles cuerpos, un poco más de lo que la imaginación permite; y no ha pasado nada....ese espectáculo es de lo más normal.

Acomodado en una banca delantera, cuántas veces regresé a ver y pude deleitarme con una sinfonía de piernas, que se abrían y cerraban, con un cuadro de pechos ondulantes que repiqueteaban mientras un lápiz se deslizaba sobre una hoja de papel, cabellos sueltos sobre la banca, miradas perdidas, furtivas y sueños profundos. Contrastando con una voz aguardentosa que adelante se oía, cuyas palabras sólo parecían un zumbido, y a la que pocos o nadie hacía caso, al final lo importante no era la clase, sino en algún momento aprobar ese año lectivo.

En medio de este ambiente encontré a alguien cuando cursaba el último año de estudios; en una de las primeras disertaciones de aquel ciclo,- por supuesto una de las más aburridas, como son las de apertura-, escuchaba al profesor casi recostado en una de las primeras bancas, y al no encontrar estímulo para mantener mi atención en aquella perorata, regresé a ver y sin haberlo premeditado me topé como a tres bancas mas atrás, con par de majestuosas piernas que en ese momento se acababan de cruzar con total abandono,

-como si la dueña de estas extremidades estuviese sola en el dormitorio de su hogar sin más testigos que sus muñecos de felpa -;

Y que me invitaban a posar mis ojos en ellas, no sólo asentí , me quedé pegado a ellas, sentí el calor y la suavidad de su tez, fue un instante de fascinación, perdí la ilación de todo, y ese lapso fue suficiente para recorrer ese paisaje palmo a palmo, acariciarlo, quemarme, hundirme en su carne.

En el siguiente momento subí la mirada y me encontré con una leve sonrisa insinuante y unos ojos iluminados.
-Se acabó la clase-
Esa expresión fue la llave de entrada a este paraíso que se llama mujer....

La enseñanza se hizo más tediosa y eterna...no podía esperar más...
Me levanté, en medio de un sordo murmullo, y me dirigí hacia ella, tomé su mano y la invité a salir, no hubo oposición y los dos salimos corriendo de aquel sitio, dejando tras nuestro, y sin pensarlo dos veces, a un grupo de personas absortas en una disertación obsoleta y en una discusión vana.

Traspusimos la puerta, y volamos por los pasillos de la facultad, bajamos y subimos graderíos, -todos atestados de estudiantes, de bullicio molesto-, corrimos desenfrenados sorteando cuánto obstáculo se nos anteponía, hasta dar con un rinconcito solitario, donde llegamos jadeantes, y no nos dimos tregua....

No supimos más de nadie, ese tiempo era sólo de los dos, de nuestros deseos que se expresaban vivamente en medio de sudores calientes, saliva desbordante, caricias insaciables de nuestra piel, movimientos no programados que a pesar de ello, afloraban como si hubiesen sido parte de un repertorio repetido tantas veces...

Demás está describir el trayecto de las manos, que irracionalmente agarraban porciones de piel de las pompas, muslos, cintura, pechos, entrepiernas....
Las bocas que dejaban su rastro húmedo formando caminos sinuosos en los cálidos vientres; besos atrapados, que mas que juntar bocas, eran instrumentos automáticos entrenados para horadar, succionar y engomar de tal manera que nunca más sean dos, sino uno solo.
Describimos algunas acrobacias nunca soñadas, impelidas por la incomodidad de aquel rincón; el piso regado de fluidos repisados, y en la pared quedaron estampadas imágenes de dos amantes espontáneos, que franquearon la barrera de la prudencia y el recato.

-Psst, escuche señor estudiante,
- ¿A mi?
-Si a usted, la atención es para acá. ¿Qué opina de lo último que dije?
-Eeeehh....

Mientras regresaba la cabeza hacia delante, con la boca abierta y la baba goteando, todos se soltaron en una sonora carcajada, no era para menos, cual sería la expresión de mi rostro anonadado, con claras muestras de haber estado fuera de este mundo. Menos ella que con su rostro ruborizado, sus ojos fijos en el infinito y sus piernas cruzadas fuertemente, daba a entender que convino conmigo plenamente en aquel súbito acto pasional.

En las semanas siguientes nos conocimos formalmente, y recordamos aquel episodio pintoresco, que casualidad, ella presintió mi estado, lo descifró, lo disfrutó y fue mi cómplice a vista y paciencia de todos.

 

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Hola: "David"

Que bello episodio "amor de temporada" como diria "Roberto Jordàn" amor de estudiante, bella epoca que todos recordamos con nostalia con alegria, fue un cuento muy tierno y eròtico a la vez..felicidades..

Momentos como esos..

Quedan en el recuerdo y en la retina de los ojos. Juventud, alegría, deseos de vivir, son los ingredientes intrínsecos que mueven a vivir estas experiencias. David.