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COMO NACE UN DEDITO

 

CÓMO NACE UN DEDITO.

Estoy en  la alcoba matrimonial entretenida en el orden y limpieza del domingo, recoge zapatos, guarda zapatos, ¿la compañera de esta media donde rayos esta?, este pantalón huele fuchi y a la cesta de la ropa sucia lo lanzo y de repente lo oigo: un grito , tremendo grito, es de el gatito de la casa ( así le decíamos al menor hijo), por instantes dejé de respirar, y con la sabiduría que tienen las madres, que conocen cada matiz de los llantos, de las voces,  de los gritos de sus  hijos, tuve la certeza de que "algo le paso". Solté todo y Salí en carrera para su habitación, donde él estaba jugando. El padre que no sé donde estaba ni que hacía en esos momentos en la casa, llegó al mismo tiempo que yo a la escena y allí estaba, nuestro chico agachado, gritando, su carita rojita, llenos de lágrimas sus cacheticos, una mueca de dolor en su boca, que al mismo tiempo chillaba y babeaba. Ambos, padre y madre; nos agachamos y vimos lo que ocurría: su dedo, su dedito índice, de su manito derecha estaba allí atrapado en el engranaje de la bicicleta del gordito  ( así le decíamos al hijo mayor), no lo podía sacar, el dedito estaba morado en un lado, sin color en el otro, sangre chorreando y cayendo en el piso. En momentos de angustia y de susto se piensa muy rápido o no se piensa y yo pensé: "Soy su mama, tengo que ser fuerte, él necesita mi apoyo, no hay nada que temer". Vi la cara del papá, el estaba muy asustado y balbuceaba: "mami el dedito del gato, el dedito del gato", yo le contesto, impregnada de una serenidad desconocida: "Saca el dedito de la cadena y yo calmo al niño". Abrazo a mi hijo diciéndole: "Todo está bien, mamá y papá estamos aquí, te vamos a ayudar, quédate tranquilito para que el papá trabaje"  y el hijo se calmó al instante, dejo de llorar y el papá en un acto heroico sacó el dedo, y éste al ser liberado, se vino abajo y quedó guindando de unos cueritos, el hombre agarró  esa falange que colgaba la empató al dedo, tomó al niño en brazos y juntos salimos en carrera a la clínica más cercana, entramos a emergencia, lo entregamos, lo reciben, le revisan el dedito,  lo limpian, lo curan; nos dicen hay que llamar al traumatólogo, lo ubican, lo llaman, el viene, se presenta y nos dice: " Hay fractura, hay que coser, hay que vacunar con la toxoide, hay que enyesar. Hay el riesgo que se atrofie la uña y la pierda por siempre.  Esperen afuera". Y allí separada de mi hijo,  Me senté, cerré mis ojos, uní mis manos, las elevé a la altura de mi frente,  dirigí una plegaria, una súplica a mi Dios, al único que conozco, en ella puse todo mi amor de madre, todo mi dolor que era intenso muy intenso, y pedí con todas las fuerzas de mi mente y de mi corazón por el ese dedito, en el cual yo sentía que iba la vida de mi hijo..., en eso estaba y "vi" con los ojos del alma una luz que posaba, justo allí, donde el dedito sufría y sanó uñita, sanó huesito, sanó herida, y yo una sensación de paz me invadió. Al pasar de los años comprendí que en ese momento fui co-creadora con Dios, del dedo de mi hijo, y así se manifestó semanas después, cuando volvió a nacer: cuando le quitaron puntos, yeso, le pusieron una férula para corregir postura, su uña nació nueva. En  cada momento de estos acompañé al gatito, en unos fui fuerte, en otros no tanto; en que casi me desmayo, en otros me llené de ira porque no veía que la uñita creciese; yo quería todo instantáneo. Me impacienté con la férula y con las opiniones de otros médicos que participaron en el caso. Lo que nunca falló y siempre fue constante fue el amor por nuestro gato. Todos: padres, madre y hermano lo acompañamos, lo atendimos y apoyamos y le amamos en abundancia.

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